El Día de las Mulas en México


Tres jueves hay en el año que relucen más que el sol: Jueves Santo, Corpus Christi y el día de la Ascensión. De este popular refrán, hoy vamos a quedarnos con el Corpus, una fiesta creada para celebrar la Eucaristía dentro de la tradición católica, y afianzar el sacramento que representa la Última Cena y que no se puede hacer en Semana Santa porque ésta debe ser una época de recogimiento, penitencia y reflexión. El Corpus se basa en la tradición católica del milagro de Bolsena (Italia), cuando un sacerdote que oficiaba la misa vio brotar sangre al partir la hostia para consagrar. Corría el año 1263 y unos meses más tarde el papa Urbano IV instituyó la celebración a través de la bula Transiturus hoc mundo. En el trasfondo de todo esto estaban las dudas sobre la doctrina de que la hostia consagrada pudiera identificarse literal y físicamente con el cuerpo y la sangre de Cristo más allá de la metáfora.

Se celebra 60 días después del Domingo de Resurrección con procesiones en las que se exhibe una hostia dentro de una custodia, pero cada lugar ha ido desarrollando festejos complementarios, siendo uno de los más curiosos el que se da en México el jueves 23 de junio, con el Día de las Mulas. El origen de estos fastos se remonta a 1526, un lustro después de que los conquistadores españoles tomaran la capital azteca, Tenochtitlán, que había quedado prácticamente destruida entre las batallas y la posterior demolición de los templos donde se hacían los sacrificios humanos. En el lugar que éstos ocupaban se halla hoy la plaza del Zócalo, donde se erigió la Catedral Metropolitana, desde cuya puerta salían las procesiones.

Como también se llevaba a cabo una vendimia por la primera cosecha, los campesinos solían colocar un par de "huacales" a los lados de las mulas para transportar y ofrecer sus frutos. Cuenta la leyenda que un hombre que respondía al nombre de Ignacio, tenía dudas sobre su futruo como sacerdote, y un jueves de Corpus Christi pidió a Dios una señal. Cuando se encontraba frente a la procesión pensó: "Si Dios estuviera aquí, hasta las mulas se arrodillarían", y en ese momento la mula que se encontraba frente a él se arrodilló. El hombre se convirtió en sacerdote y pasó el resto de su vida contanto esta anécdota.

Los fieles, impresionados por la historia, hicieron pequeñas mulas con hojas de plátano secas a las que les colocaban pequeños huacales con dulces de frutas. Hoy en día las mulas se utilizan como símbolo de que al igual que la mula de la historia, la persona que la porta se arrodilla ante Dios.

Así que ya saben... si ven a alguien caminando con una mulita en la solapa no significa que "literalmente sea una mula", sino que en realidad, es una persona muy creyente.

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Posteado por Auto Turismo

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